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5 sept 2013

Farewell

1 

Desde el fondo de ti, y arrodillado, 
un niño triste, como yo, nos mira. 

Por esa vida que arderá en sus venas 
tendrían que amarrarse nuestras vidas. 

Por esas manos, hijas de tus manos, 
tendrían que matar las manos mías. 

Por sus ojos abiertos en la tierra 
veré en los tuyos lágrimas un día. 

2 

Yo no lo quiero, Amada. 

Para que nada nos amarre 
que no nos una nada. 

Ni la palabra que aromó tu boca, 
ni lo que no dijeron las palabras. 

Ni la fiesta de amor que no tuvimos, 
ni tus sollozos junto a la ventana. 

3 

(Amo el amor de los marineros 
que besan y se van. 
Dejan una promesa. 
No vuelven nunca más. 

En cada puerto una mujer espera: 
los marineros besan y se van. 

Una noche se acuestan con la muerte 
en el lecho del mar). 

4 

Amor el amor que se reparte 
en besos, lecho y pan. 

Amor que puede ser eterno 
y puede ser fugaz. 

Amor que quiere libertarse 
para volver a amar. 

Amor divinizado que se acerca 
Amor divinizado que se va. 

5 

Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos, 
ya no se endulzará junto a ti mi dolor. 

Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada 
y hacia donde camines llevarás mi dolor. 

Fui tuyo, fuiste mía. Qué más? Juntos hicimos 
un recodo en la ruta donde el amor pasó. 

Fui tuyo, fuiste mía. Tú serás del que te ame, 
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo. 

Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste. 
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy. 

...Desde tu corazón me dice adiós un niño. 
Y yo le digo adiós.
 

-Pablo Neruda

16 mar 2013

Poema 9

Ebrio de trementina y largos besos,
estival, el velero de las rosas dirijo,
torcido hacia la muerte del delgado día,
cimentado en el solido frenesí marino.
Pálido y amarrado a mi agua devorante
cruzo en el agrio olor del clima descubierto.
aún vestido de gris y sonidos amargos,
y una cimera triste de abandonada espuma.
Voy, duro de pasiones, montado en mi ola única,
lunar, solar, ardiente y frío, repentino,
dormido en la garganta de las afortunadas
islas blancas y dulces como caderas frescas.
Tiembla en la noche húmeda mi vestido de besos
locamente cargado de eléctricas gestiones,
de modo heroico dividido en sueños
y embriagadoras rosas practicándose en mí.
Aguas arriba, en medio de las olas externas,
tu paralelo cuerpo se sujeta en mis brazos
como un pez infinitamente pegado a mi alma
rápido y lento en la energía subceleste.


-Pablo Neruda

11 nov 2012

Poema 15


Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía;
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

-Pablo Neruda

2 jun 2012

Poema 8

Abeja blanca zumbas --ebria de miel en mi alma
y te tuerces en lentas espirales de humo.
Soy el desesperado, la palabra sin ecos,
el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo.
Última amarra, cruje en ti mi ansiedad última.
En mi tierra desierta eres tú la última rosa.
Ah silenciosa!
Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche.
Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa.
Tienes ojos profundos donde la noche alea.
Frescos brazos de flor y regazo de rosa.
Se parecen tus senos a los caracoles blancos.
Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra.
Ah silenciosa!
He aquí la soledad de donde estás ausente.
Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas.
El agua anda descalza por las calles mojadas.
De aquel árbol se quejan, como enfermos, las hojas.
Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma.
Revives en el tiempo, delgada y silenciosa.
Ah silenciosa ! 



-Pablo Neruda-